Patricia Rodriguez y Sofía Ferreiro son dos gallegas listas que tenían una viña heredada que producía tinto de Ribeiro. El problema común con el que se encontraron (ellas y muchos bodegueros) fue el excedente de buenas cosechas que no tenían salida alguna.

Y se pusieron manos a la obra.

A parte de amigas, son primas segundas.

En un momento de divina locura decidieron crear cremas faciales de las cepas de los abuelos de Patricia, el mismo campo que ella heredó de su padre y que ahora, junto a su marido, trabajaba como mera afición para obtener vino de consumo propio.

Y es así como esta historia se convierte en lo que es hoy. Con algo menos de 30.000 euros, lo que empezó siendo una pequeña empresa con cremas faciales, luego fueron jabones exfoliantes, el primer pintalabios hecho con vino, ect. Todos ellos con al menos un 95% de materias y productos naturales. LevinrRed Wine Cosmetics (que así es como se llama la empresa) facturó 80.000 euros en 2019 y ya está en beneficios.

Estas dos chicas se supieron reinventar en un sector: el de la cosmética que está en constante evolución, el cuál permite la innovación dándole una vuelta de tuerca (en este caso, muy creativa).

Chapeau!